El pasado fin de semana han bautizado a la pequeña Lucia, o como diría su abuela: “ha nacido para Dios”.
Fué una ceremonia emotiva, ya que aunque al párroco se le juntaron diez peques -y compañía- a la vez, quiso transmitir con sus palabras la importancia del acto, lo casi místico del momento. Incluso para un agnóstico devoto como yo, se hizo conmovedor la naturalidad con la que expresaba su pesar por la frivolidad con la que la gente afronta estos “actos sociales”. A los peques los excluimos del alcance de esa disertación. Ellos actúan de forma espontánea, y o estás para captar el instante, o te lo pierdes…
La nota discordante vino dada porque la parroquia, al tener tanto niño que bautizar, justificó la presencia de un único fotógrafo “oficial” en la zona del altar para evitar aglomeraciones. Hasta aquí nada malo, es más, resulta lógico… Lo que ya resulta algo más chocante es que un diácono se aproxime para indicar a los presentes en los pasillos laterales con equipos fotográficos de cualquier índole, que no debemos hacer fotos. ¿Perdón?
Aún así, sigo sin entender como un fotógrafo que conoce bien una iglesia como esta, y que da tanto juego, no ha clavado la rodilla en el suelo intentando buscar otros ángulos, y sólo se ha dedicado a repetir las mismas 6 o 7 fotos para las diez familias allí congregadas.





2 Comentarios
Me encantan las fotos y los comentarios. Si algún día muy muy muy lejano me caso… ya tengo fotógrafo (si no te importa). Estoy deseando ver el montage entero. Besos y no cambies tu forma de enterder la fotografía.
No lo pongas tan lejano lo de la boda, que nunca se sabe… ¡¡Y cuenta conmigo, claro!!
Muchas gracias Inma.